Un fenómeno que merece explicación
La cuenta Daily Stoic, del divulgador estadounidense Ryan Holiday, reúne unos tres millones de seguidores en Instagram, y su libro homónimo lleva más de dos millones de copias vendidas. El fenómeno merece una explicación, y creo que buena parte de la respuesta está en la incertidumbre. En un tiempo de precariedad laboral y de porvenir global incierto, la promesa de gobernar al menos el propio juicio podría estar ofreciendo algún grado de alivio.
Durante buena parte del siglo XX, la pertenencia a un partido o a una iglesia le entregaba a cada cual un relato sobre cómo vivir y para qué. Con la caída de esas instituciones normativas, cada quien quedó a cargo de inventar su identidad y su destino sin una brújula heredada, eso que la sociología llama individuación.
El costo de administrarse a uno mismo
Esa autonomía tiene un costo, y con el tiempo se ha vuelto más exigente. Imaginar un destino y recorrerlo sin brújula libera, pero requiere audacia y un derroche de energía psíquica del que no siempre somos conscientes. El individuo de hoy rinde como empresario de sí mismo y termina agotado de administrarse. Alain Ehrenberg, en La fatiga de ser uno mismo, leyó buena parte de la depresión de nuestro tiempo como el reverso de ese mandato.
Un problema social vuelto disciplina íntima
El estoicismo le ofrece a ese sujeto una salida. Su distinción central, que formuló Epicteto, separa lo que depende de nosotros de lo que no y pone la serenidad del lado de lo primero. Si el mundo de afuera no depende de él, que retire de ahí su energía y gobierne su interior. La fórmula convierte un problema de origen social en una disciplina íntima, y por eso cobra sentido para alguien que necesita gestionar su propia angustia.
Por qué arraiga entre los hombres jóvenes
Falta explicar su arraigo entre los hombres jóvenes. Ya he descrito antes la dificultad, de origen cultural, que muchos hombres arrastramos para reconocer y poner en palabras lo que sentimos, fruto de una crianza que nos ha orientado hacia la contención y la autosuficiencia. A quienes crecimos evitando mostrar vulnerabilidad, una filosofía que interpreta el dominio de las emociones como fortaleza nos hace sentido. Ofrece dignidad y un vocabulario noble a un mecanismo que estaba instalado.
Cuando la calma se parece a la soledad
Sin embargo, quienes viven el estoicismo como supresión emocional sufren más malestar. Es lo que se ve en la consulta. La calma que promete termina pareciéndose a la soledad, algo que la vida adulta masculina ya conoce de sobra en un país que desmontó los espacios donde antes la gente tejía sus vínculos.
Hay además una ironía en todo esto. Queremos que nuestras decisiones sean una construcción propia y libre, y rechazamos en el discurso cualquier injerencia en ese proyecto, aunque para sostenerlo adoptemos sin titubear el manual que un emperador escribió hace dieciocho siglos.
Lo que el estoicismo sí puede dar
Esto no invalida lo que el estoicismo puede dar, y sería injusto despacharlo como un producto más de la autoayuda. Su núcleo, examinar los juicios que anteceden a la angustia, está en el origen de las terapias cognitivas que hoy alivian a muchas personas, invitando además al cuidado de los otros y a reconocerse parte de una comunidad humana, lejos del repliegue individual.
El auge estoico expresa una demanda legítima que pocas instituciones atienden hoy: la de contar con herramientas para sostener la incertidumbre y con un lenguaje para la vida interior. Tomarse en serio ese impulso supone preguntarse si las herramientas que las personas tienen a mano —como la filosofía o la psicoterapia— las acercan a los demás o las dejan todavía más solas.
En SUBJETIVIDADES acompañamos ese trabajo en terapia individual, presencial en Ñuñoa o por videollamada para todo Chile, con un equipo con experiencia clínica en población adulta y en las exigencias particulares que la socialización masculina impone sobre la vida afectiva.
