Salud mental31 de agosto, 2026 · 5 min lectura

El paciente estoico

Las Meditaciones de Marco Aurelio, el cuaderno privado que su autor nunca pensó publicar, vendían alrededor de dieciséis mil ejemplares al año a comienzos de la década pasada. En 2019 superaron los cien mil, según cifras que Penguin entregó a The Guardian, y hoy figuran de manera estable entre los libros más vendidos, casi dos mil años después de que su autor las anotara. Una escuela que durante siglos pareció extinta es hoy una de las filosofías que más gente lee y practica, con particular arraigo entre hombres jóvenes.

Daniel Reyes Pace
Psicólogo clínico · Doctor en Psicología, U. de Chile · Director de SUBJETIVIDADES
Retrato grabado de Epicteto, filósofo estoico
Epicteto, cuya distinción entre lo que depende de nosotros y lo que no está en el centro del estoicismo. Grabado de época.

Un fenómeno que merece explicación

La cuenta Daily Stoic, del divulgador estadounidense Ryan Holiday, reúne unos tres millones de seguidores en Instagram, y su libro homónimo lleva más de dos millones de copias vendidas. El fenómeno merece una explicación, y creo que buena parte de la respuesta está en la incertidumbre. En un tiempo de precariedad laboral y de porvenir global incierto, la promesa de gobernar al menos el propio juicio podría estar ofreciendo algún grado de alivio.

Durante buena parte del siglo XX, la pertenencia a un partido o a una iglesia le entregaba a cada cual un relato sobre cómo vivir y para qué. Con la caída de esas instituciones normativas, cada quien quedó a cargo de inventar su identidad y su destino sin una brújula heredada, eso que la sociología llama individuación.

El costo de administrarse a uno mismo

Esa autonomía tiene un costo, y con el tiempo se ha vuelto más exigente. Imaginar un destino y recorrerlo sin brújula libera, pero requiere audacia y un derroche de energía psíquica del que no siempre somos conscientes. El individuo de hoy rinde como empresario de sí mismo y termina agotado de administrarse. Alain Ehrenberg, en La fatiga de ser uno mismo, leyó buena parte de la depresión de nuestro tiempo como el reverso de ese mandato.

Un problema social vuelto disciplina íntima

El estoicismo le ofrece a ese sujeto una salida. Su distinción central, que formuló Epicteto, separa lo que depende de nosotros de lo que no y pone la serenidad del lado de lo primero. Si el mundo de afuera no depende de él, que retire de ahí su energía y gobierne su interior. La fórmula convierte un problema de origen social en una disciplina íntima, y por eso cobra sentido para alguien que necesita gestionar su propia angustia.

Por qué arraiga entre los hombres jóvenes

Falta explicar su arraigo entre los hombres jóvenes. Ya he descrito antes la dificultad, de origen cultural, que muchos hombres arrastramos para reconocer y poner en palabras lo que sentimos, fruto de una crianza que nos ha orientado hacia la contención y la autosuficiencia. A quienes crecimos evitando mostrar vulnerabilidad, una filosofía que interpreta el dominio de las emociones como fortaleza nos hace sentido. Ofrece dignidad y un vocabulario noble a un mecanismo que estaba instalado.

Cuando la calma se parece a la soledad

Sin embargo, quienes viven el estoicismo como supresión emocional sufren más malestar. Es lo que se ve en la consulta. La calma que promete termina pareciéndose a la soledad, algo que la vida adulta masculina ya conoce de sobra en un país que desmontó los espacios donde antes la gente tejía sus vínculos.

Hay además una ironía en todo esto. Queremos que nuestras decisiones sean una construcción propia y libre, y rechazamos en el discurso cualquier injerencia en ese proyecto, aunque para sostenerlo adoptemos sin titubear el manual que un emperador escribió hace dieciocho siglos.

Lo que el estoicismo sí puede dar

Esto no invalida lo que el estoicismo puede dar, y sería injusto despacharlo como un producto más de la autoayuda. Su núcleo, examinar los juicios que anteceden a la angustia, está en el origen de las terapias cognitivas que hoy alivian a muchas personas, invitando además al cuidado de los otros y a reconocerse parte de una comunidad humana, lejos del repliegue individual.

El auge estoico expresa una demanda legítima que pocas instituciones atienden hoy: la de contar con herramientas para sostener la incertidumbre y con un lenguaje para la vida interior. Tomarse en serio ese impulso supone preguntarse si las herramientas que las personas tienen a mano —como la filosofía o la psicoterapia— las acercan a los demás o las dejan todavía más solas.

En SUBJETIVIDADES acompañamos ese trabajo en terapia individual, presencial en Ñuñoa o por videollamada para todo Chile, con un equipo con experiencia clínica en población adulta y en las exigencias particulares que la socialización masculina impone sobre la vida afectiva.

Preguntas frecuentes sobre el estoicismo

¿Por qué el estoicismo se volvió tan popular?

Buena parte de la respuesta está en la incertidumbre. En un tiempo de precariedad laboral y de porvenir global incierto, y tras la caída de las instituciones que antes entregaban un relato sobre cómo vivir, cada quien quedó a cargo de inventar su identidad sin brújula heredada. El estoicismo ofrece una salida a ese sujeto agotado de administrarse: gobernar al menos el propio juicio.

¿Por qué el estoicismo arraiga sobre todo entre hombres jóvenes?

Muchos hombres arrastran, por razones culturales, una dificultad para reconocer y poner en palabras lo que sienten, fruto de una crianza orientada hacia la contención y la autosuficiencia. A quienes crecieron evitando mostrar vulnerabilidad, una filosofía que interpreta el dominio de las emociones como fortaleza les hace sentido: ofrece dignidad y un vocabulario noble a un mecanismo que ya estaba instalado.

¿Es malo practicar el estoicismo?

No en sí mismo. El problema aparece cuando se vive como supresión emocional: quienes lo practican así suelen sufrir más malestar, y la calma que promete termina pareciéndose a la soledad. Su núcleo, en cambio —examinar los juicios que anteceden a la angustia—, está en el origen de las terapias cognitivas que hoy alivian a muchas personas.

¿Cuándo conviene consultar en vez de solo aplicar la filosofía?

Cuando la calma buscada se transforma en aislamiento, cuando controlar las emociones exige un esfuerzo sostenido que deja más solo, o cuando el malestar persiste pese a la disciplina íntima. Una filosofía o una psicoterapia pueden acercarnos a los demás o dejarnos todavía más solos: si predomina el repliegue, conviene consultar.

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